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Tiempos
Mi hijo juega con la muerte, hace a un lado sus autitos y juega con la muerte.
La viste, la desviste, la lleva de paseo en caballo de escoba, hasta le permite sentarse a su lado a la hora de comer. Ella come en nuestra mesa.
Cuando mi hijo ríe yo también río en la cara de la muerte. Luego compartimos café
Pedido de despedida
Con las manos me quito restos de la noche que quedaron adheridos a mi piel, amanece y gotea mi carne sobre el fuego, el chirriar rompe el silencio, el silencio ha roto tuétanos en la noche, pasa suelta una paloma de horizonte, la saeta misionera de la luz, el hombre arroja a la graciosa mensajera latas de tomates y otras conservas, le quema los ojos con un cigarro, el chirriar rompe el silencio, el agua del ojo hierve y la mirada gotea sobre el fuego todo lo visto, la grasa deja una mancha oleosa en el suelo, mis pies descalzos resbalan en ella, abren una grieta en la espuma de la rosa, la concentración fatiga, dejo para mañana lo que hoy no me sobra, qué tienen tus manos que cuando pronuncias la palabra adiós me clavan espinas, esto no es sangre, esto habita la duda del cuello ante la horca, blasfeman sancho, pican tu rostro, alguien acapara llantos para cuando el desierto, me tiembla el pecho, una fría desazón se articula en las heridas, gotea la carne sobre el fuego, el chirriar rompe el silencio, el agua del ojo finge la mirada, me queda esta ilusión, de vez en cuando me asalta un sueño, de vez en cuando una humareda dentro de un calabozo, de vez en cuando una antorcha pariéndote en la boca un beso, no hay nada que te amedrente ni siquiera esa iguana fría que pasea por tu lengua como un gusano verde pero reptílico, el arrastrar el alma de la paloma herida, que si te vas te vas, quién mencionó lo perpetuo, si es que estamos sentados al abrigo de una pizza fría, y esto no es comida chatarra, hay gente que se está comiendo los tornillos y las chapas de su propio rancho, quién divinizó la miseria y los empalmes y los gallitos de oro colgando de las cadenas y los gallitos negros en los tejados y el popohipo, los bises, los abrazos, te aclamo con el clamor del cuerpo, anoche una mujer estalló en mis caderas, no has visto sus pedazos al entrar en casa, estaban por el comedor, estampados en el vidrio y entre los restos de la comida de ayer, la pizza fría, no has visto, esa mujer se llamaba gloria y dormía con las luces encendidas para no descansar, para morir en los silencios oscuros de los popohipos que blasfeman o ignoran las advertencias como las polillas del hueso, ahora vienen a verme los vivos, me dan asco, sus rostros hipócritas, sus nombres hipócritas, sus vidas hipócritas, me dan asco y náuseas y vómitos los vivos, entiendan los silencios, escuchen lo que callan, lo que esconden de la vista, del oído, yo estoy montado en la cisterna del patio y observo los limones, alguien tendrá que hacerse cargo del mundo, no podemos estar dando vueltas y vueltas como pelotudos, alguien tendrá que hacerse cargo del mundo, alguien que no sea Bush, ni Bin Laden, ni el sistema capitalista, ni esa monarquía comunista, alguien tiene que venir, estoy tan solo, mirando los limones, que se me pudren los pies en las lágrimas caídas, alguien tiene que venir, estoy tan triste, que me aplauden, aplauden la tristeza del tipo que está solo y triste, triste y solo, solo, cuando ya no queda nadie y nadie se ha ido entiendan lo que hablo, hablo del hablar y del silencio, del hablar con migo, y del silencio con todos, hay una pájara pinta en la enramada gatiyo, gatiyo, ¡pum! a la píntara pájara que cae muerta, ¡pum! a la píjara pinta, muerta, búsquenme un silencio, acrobático y efímero, algo delicado, no caótico, un silencio al doblar la esquina, en el agua sucia del cordón de mil veredas, búsquenme un silencio, por favor cósanme la boca.
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