Ruben Amaya


Imperialismo y derechos humanos

Publicado en Ruben Amaya el 14 de Febrero, 2007, 0:14 por adrián_campillay

por RUBEN AMAYA desde Tucumán

   Tal vez haya sido el sociólogo francés conservador Emile Durkhein, quién instituyera en el mundo moderno por primera vez el concepto que la libertad nace de la obediencia a la ley. La idea fue retomada por el general Juan Domingo Perón, tres cuartos de siglo después en nuestro medio y nos resulta útil; no porque suscribamos pleno acuerdo con las personas citadas, sino porque es una variante de pensamiento teórico y político distinto al nuestro. La libertad, como valor y tesoro, es algo más profundo y sustantivo que el apego a los instrumentos jurídicos. Pero no hay dudas que la obediencia válida universalmente para todos a un orden legal permite un marco general en el cual puedan realizarse algunos, sino todos, derechos humanos.
No existe peor enemigo de la vigencia de la ley- y de los derechos humanos- que el imperialismo norteamericano y la infame cohorte de gobernantes, periodistas, economistas, escritores y demás sirvientes a su servicio. Verdad casi de perogrullo, pero reafirmada de modo terrible por los actuales acontecimientos en Irak. La invasión a un país con un pretexto falaz- la (in)existencia de armas de destrucción masiva nunca halladas- dio por traste con el entero andamiaje del orden jurídico internacional.
   El linchamiento (televisado por celular) de Sadam fue un nuevo episodio en la escalada norteamericana contra la ley. Es sabido que ninguna sentencia se halla firme, sino se le permite al reo al menos una segunda instancia de apelación. Descontando la manifiesta ilegitimidad del tribunal que dictó la condena (fruto de una invasión y por lo tanto, no es expresión de un estado soberano) y las inocultables irregularidades procesales, la celeridad en proceder a la ejecución tuvo una motivación manifiestamente mafiosa: acallar los jugosos testimonios que podría brindar el reo con relación a negociados yankis con venta de armas y genocidios varios en la subregión.
   La concepción de la dirigencia norteamericana acerca de los derechos humanos tiene una escalofriante demostración con los cadáveres que vuelven para ser sepultados en su país natal. Bolsas informes y anónimas son descargadas en el mayor sigilo, para no incrementar la indignación de una sociedad civil que despierta. Contienen cuerpos flagelados, mutilados de jóvenes que se vieron obligados a alistarse por causa de la desocupación, la pobreza y la falta de horizontes. Les mintieron cínicamente. Les dijeron que combatirían por la libertad y los inmolaron nada más que por el ansia de saqueo propia de su clase dominante. Son el doloroso precio que debe pagar el pueblo norteamericano para lograr una conciencia mayor acerca de la realidad social y política en la que están inmersos.
   Antes de Irak, las limitaciones o directa anulación de la vigencia de derechos y garantías- que para algunos discursos eran constitutivos de la nación americana- se realizó al interior de la propia sociedad del país del norte, so pretexto del terrorismo. Al mismo tiempo y gracias a la acción de Bush y los bandidos que lo secundan, los métodos de Hitler y las dictaduras militares fueron impuestos por todo el orbe: presos sin acusación ni derecho a defensa, traslados clandestinos de muchos de ellos a través de distintos países, torturas sádicas administradas impúdicamente; todo sintetizado en el monumento mundial a la violación de los derechos humanos: el campo de concentración de Guantánamo, por añadidura territorio ilegalmente usurpado en la isla de Cuba.
   Urge establecer ciertas formas de justicia humanista y universal ¿Qué otra causa que la prepotencia de su fuerza militar impide que George W. Bush y sus principales secuaces estén sentados en el banquillo de los acusados en algún tribunal internacional por sus crímenes de lesa humanidad? Si el juicio contra los nazis fue uno de los momentos más altos de la conciencia moral universal, el orden jurídico y moral de la humanidad será sólo un enunciado vacío mientras tanto atropello de estos sherifs a los derechos humanos continúe impune. A mas de dos siglos de la declaración de los derechos humanos, su vigencia efectiva reclama hechos concretos.

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RUBEN AMAYA (Tucumán, Arg.)

Publicado en Ruben Amaya el 12 de Septiembre, 2006, 15:04 por adrián_campillay

Dibujo: Mariela Moreno (San Juan)

los poemas que jamás escribimos
 
como un presagio
juguete de una rueca delirante de urgencias
alguna noche reclamo en el incendio
refugio en la voz de un amigo
 
frente a su puerta aspiro una grave alegría
que ronda la tristeza
expiro las vergüenzas las muertes sin rescate
las sombras que me acechan
al dorso de mis sombras
 
atravieso sus puertas y me envuelve
un fuego de caminos
un diálogo de sueños
un múltiple monólogo
un silencio de música
un coro de silencios
 
la casa se llena de luces y fantasmas
Miguel Hernández pasea por la sala
las mujeres que amamos
golpean las ventanas
los poemas que jamás escribimos
y la sangre que vuela astillada y filosa
al tuétano del hombre

lluvia
 
llanto gris de madrugada
golpeando nostalgias la lluvia interpreta
eléctricas danzas de tristeza y chapa
 
el trueno furioso
interrumpe un monólogo de llaves
y urge el paso de náufragos nocturnos
 
¿adónde irán los pájaros en las noches de lluvia?
¿en qué barrio insomne de lunas amarillas
atrapados de julio en el bar más oscuro
dos deshabitados compartirán cenizas?
 
¡qué delirio de angustia la lluvia sin abrigo!
con las puertas cerradas y los ojos abiertos
con las manos calladas y el futuro esperando
con la mesa vacía y los niños llorando
 
¡qué tristeza inmensa
ver a la intemperie dueña de la calle!
 
y el viento que pasa
                  diapasón de un llanto

hogueras
 
alguna desesperanza me ganó la mañana
puso un viejo silencio en la distancia
que va desde el umbral de mi casa
hasta los pasos de alguien
               que no viene a buscarme
 
al vestirme sentí a la soledad
husmeando mis zapatos
revolviendo con dedos amarillos
sus heladas astillas en mis párpados
 
naufrago entre papeles oscuramente blancos
me apuñalan las palabras por las sombras
para ahogar el grito que perturba mis manos
 
entonces la escalera repite fuertes pasos
llegan compañeros con su oficio de hoguera
me pongo el viejo compromiso y la mejor tristeza
y salgo a andar la vida y renacer con ella