No vi al ángel, que un dios mandó para matarte, por miedo a no existir.
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No tuve ojos rojos ni mirada piedra ni la mano sangre ni la boca espanto.
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No arranqué palabras de mi corazón en la eternidad, en la muerte, en los pájaros.
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No respiré un cadáver en fumaderos de opio ni fui cadáver respirado y comido por la soledad; no escuché el silbido de los perros de los trenes y el de mi propia mente no lo escuché.
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No lastimé mi mano, con la cruz (en un tranvía) para ser Cristo.
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No cumplí los dieciséis en un manicomio francés,
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ni siquiera nací en Francia y mi padre no fue un poeta que descomponía las flores porque eran hipócritas.
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No llevé poemas de celda en celda (a través del muro) con la confianza de un animal sin razón.
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No me suicidé cien veces. Ni fui donde los puertos para oír las prostitutas llorar los barcos y el advenimiento de una humanidad hacia los muelles y hacia el olvido.
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No fui expulsado de todos los países; cada vez, hasta mi Patria: extranjero del hombre. .
No estuve en Sierra Madre viviendo como indio, ni aprendí que eran poetas, porque sus esqueletos brillaban en la oscuridad de la historia. No viajé sin mapa por cementerios olvidados, ni parí un dylan tomas. No vendí mi alma a la imaginación, para que otros pudieran ver.
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En la cúspide de fuego que arrasó con mi país, no escribí sin ojos ni supe que eras vos
un libro tras una ventana una ventana cerrada otra abierta una birome que escribe con sangre frases y dibujos en un piso imaginario un piso a un paso del abismo a un paso de la cama los perros ladran toda la noche son perseguidos —como yo— por voces que nos sobresaltan en sueños o en las colas de las interminables farmacias del mundo
hasta donde se pierden los cerros la voz de los perros acompaña a los cantores de la noche.
2. antiguo pueblo de mis ilusiones. caballo de mis sombras. ropavejero hundido en las antigüedades desusadas de la niñez.
por vos muerdo todavía las manzanas amo a las muchachas redondas y largas. viejo cantor afino con los ríos mi voz y mi pensamiento.
3. ladra perro de mi corazón no es noche, sino ladrar la luna una pregunta.
4. al encontrar mi propia puerta abrí mi corazón y mi guerra. amo con el odio en la ventana
por eso puedo descansar
en estos versos
que no hacen más que llorar riendo.
6. de la calle hasta lo que era sólo una edad me separa
1. cada paso del dolor es un camino sin salida en el tiempo arruga de la tarde en cansado rostro de los días
la pregunta sin luz en el fondo del corazón herido.
2. sin querer el cielo nos aplasta la tierra se abre boca de lobo desamorada figura o montaña donde me pierdo
hacia la soledad sin sentido
es así niño que muere voz arrancada
grita, dentro de mí.
3. y cada espina, es un camino.
hoyo en la figura del tiempo soledad del barro y la piedra juventud lunar.
4. el dolor naufraga sin querer no puede ser totalmente nuestro atraviesa los puentes entre las personas.
así el agua del día lava la sed nocturna las sábanas huelen a miel y sangre el desayuno descansa junto a las naranjas y los panes inútiles se amigajan contra pezones luminosos.
sin doblarnos tocamos el suelo la voluntad es el oro la empresa el alma y siendo niños recordamos lo que va a pasar
¿por qué es así el tiempo: río arriba? ¿y los árboles?
no pueden protegernos sólo oyen pasos voces de los pasos ciegos ánimas del amor incomprendido entre las palabras del futuro y la montaña hundida en el horizonte.
El equipo de EL MOMO POESIA en homenaje a los detenidos, desaparecidos y asesinados durante la última dictadura militar en Argentina. A 31 años del golpe de estado de 1976.
PATRIA
Entonces la Patria fue también la calle donde estuviste solo el aire de las guitarras silbando despacito un sonido que se arrastraba
mujer que iba a dar a luz y sólo tenía dos manos negras de clausura dos manos ciegas con dedos y uñas y ningún color ninguna voz amiga porque la Patria fue también los muertos las tumbas sin nombres los hijos inconclusos de una mujer abandonada los sueños fusilados de una generación de pájaros cuyo número no cabía en la combinación de los candados
ni en el dorso de los cheques
ni en las partidas de defunción
ni en un poema.
Adrián Campillay (del libro "Acusación" 1989 - inédito)
mostradores de la piedad ¿cuándo acabarán? vidrieras de la súplica.
el ciego vende su curiosa cualidad de desgraciado. corderos degollados ¿cuándo gritarán? digo, verdaderamente, no como niños sacrificados.
¿y la poesía? ese cuchillo ¿cuándo será?
Ilustración: autor desconocido (tomado de la web)
Poema siquiátrico
Repentinamente muerto me envolví en una sábana de envenenadas flores. Soñé aquella vez con oscuros, largos hospitales, y otra vez tuve un sueño atravesando el aire. Doctor! Dónde estás doctor? Desde que lejano agujero te escurres como un espíritu. Con qué aguja de pájaros me volarás la cabeza esta tarde? Repentino. A través de mí. Camino hacia atrás, hasta mi alma: la luz del cadáver. Pero Doctor! Dónde estás doctor? Con qué lupa mirarás esta vez mi ojo para culparme? De qué lugar vacío de tu corazón obtendrás la regla de sangre para medir la intensidad del grito aplastado en la pared principal de mi pensamiento? Y dónde te esconderás. Cuando brille —aunque sea una sola vez— la luz del cadáver?
Voy hasta la forma raída de mis huesos me levanto de la cama envuelto en mi cuerpo
ungüento de madre me sostiene
me lleva por calles donde me contagio de pena
me doy vuelta como un guante en la soledad de mis pensamientos
he muerto sin morir, he regresado, soy hijo sin pies y camino en mi cabeza enferma doy rondas en mi celda de huesos así la historia desaparece
me quedo completamente solo sin poder verme a mí mismo
sentado mientras todo pasa, el tiempo, la muerte, el hambre golpeando las puertas o derribándolas a patadas las visiones de ciegos desesperados en la luz y no es otra que fuego y nos mata
es por eso al entrar a mi cuerpo recojo cenizas cuyo destino no es el mar,
Lleno de pájaros Arthur Rimbaud pasó la noche en mi cuarto casi sin reír. Le faltaba una pierna y no sabía qué hacer] no tenía dinero para una cerveza. Telefoneó a Londres pero Verlaine no estaba allí y se puso triste muy triste tan triste que escupió una sortija como el anillo del Capitán Beto. Más tarde los árboles se pusieron azules — la calle murmuró— y la lluvia hizo crecer plantas extrañas y mágicas con grandes hojas
de las tapas de los libros, del fondo de las botellas —de esas que tanto gustan a Arthur Rimbaud, según me dijo—
A las seis de la mañana preguntó donde estaba el baño —en francés lo hizo, mientras se ponía verde— se llevó mi pipa y en medio de una gran bóveda de electricidad]
1. caída caídas en las fronteras del yo el beso de fuego de la tierra su virgen puta su adentro
si no miramos a los ojos de la noche su sueño nos traiciona su pasión se hiela y en la cola del cine caemos fulminados
no sé, el pensamiento me confunde a veces quisiera confiar sólo en mi suerte]
pero qué es la suerte? sino el pensamiento y sus desvirtuaciones] el pensamiento y sus fábulas caídas en las fronteras del yo sueño y realidad reunidos los límites y delimites encerrados en una misma pregunta el cuerpo como país y extranjería
sus hilos sin pies ni sombra.
2. reunión caminos por donde la sombra duerme después de una noche de sangre]
los parientes reunidos alrededor del almuerzo el pueblo reunido en esa figura, ese espejismo.
3. futuro cartas a ella y al fondo de las cosas los libros se apilan y así no son sino cadáveres sin descansar.
ojalá sucediera ahora el asesinamiento y la cordura unidos en un hilo sin lamentaciones sobre las ciudades que amamos cuyo recuerdo nos lastima.
de esa manera el tiempo dejaría su pasado sin esperanzas
hacia el vecino porvenir sin mentiras.
4. horizontes luminosos alrededor de mis hijos juego aunque ya he sido desterrado de la niñez sus miradas son naves sobre las ciudades que abandonaré porque ¿quién no quiere irse y abandonar así el huevo de sombras?
sólo ese país existe en ellos para mí
y en estas palabras huecas que escribo
si volviera a nacer buscaría sus luces en la noche.
5. país dentro lugares en las fronteras del yo en donde es posible descansar cada clavo es una herida abierta y cada persona un clavo debajo de cuya lanza la suerte tiene dientes
y así muerde.
6. soledad fuera nadie hay
en este encuentro
la suma de las heridas arroja destinos implacables hace mucho abandonaron los parajes del amor los sobrevivientes la guerra sirvió, sin duda, para ausentarlos.
sin embargo el pulso continúa y aunque la fama hace prisioneros debajo de cada cuerpo hay un alma
un alma que espera, tal vez, y eso no es mucho y tampoco es poca cosa.
7. contemplación vacuna y cada poeta cada músico cada rey del guante
está en su casa ahora peleando con estas palabras.
de la estufa sólo emana el fuego de la costumbre. las navidades y las fiestas del vino. cada uno en su copa se ahoga o ve el río enorme pasar.
Fotos de titeres construidos por Mariela Moreno y Miguel Guerra, pueden verse ingresando a un reciente artículo publicado en EL OJO DEL SUR, blog miembro de la red EL MOMO. Para INGRESAR pulse AQUÍ.
sin querer entrar en la corriente de polvo fui atrapado en el viento del desierto me salieron espinas en la lengua y ya no pude tragar al costado de mi cuerpo fueron formándose cayos verdes y amarillas pupilas de lagarto el sol dejó de quemarme y las espinas las espinas me duelen todavía pero ya no sueño con mi padre sino con un cerro de barro anaranjado sobre el que se pone la luna por las noches el frío me hace quedarme mirando las estrellas mientras mi sangre guarda al sol mi única esperanza es que el viento gire para siempre
Sobre dos cuestiones quiero hacer hincapié para referirme a los hechos que se conmemoraron el pasado 2 de abril. Primero, acerca de los responsables de la aventura bélica que terminó por privar de sus a hijos a tantas familias argentinas. Sin duda la guerra iniciada por la dictadura comandada en ese momento por el asesino Galtieri, marca el último tramo de los crímenes cometidos a lo largo de los 7 años del llamado Proceso de Reorganización Nacional. Un manotazo de ahogado en el momento en que sus roídas estructuras se debilitaban y comenzaban a salir a la luz las atrocidades y las mentiras. Nuestros hermanos, chicos de 18 muchos de los cuales habían recibido apenas unos meses de instrucción fueron al campo de batalla dirigidos por cobardes torturadores, quienes daban instrucciones a kilómetros de distancia de los enfrentamientos y, como era de prever, tampoco dudaron a la hora de torturar a su propia tropa, tal como lo revelan los casos de soldados estaqueados. Esto sin contar el hambre, la falta de equipos adecuados y la abismal desventaja técnico-militar. Para cerrar esta primera cuestión, y como último eslabón en la cadena de los responsables de la matanza no debemos olvidar la participación de los Estados Unidos de América, quienes pusieron todo al servicio del imperio amigo, de la misma manera en que antes lo hicieran con la misma dictadura militar argentina en su (muy entre comillas) "guerra antisubversiva".
La otra cuestión es acerca de las victimas. Del pueblo argentino y las familias diezmadas por la guerra. Y sobre todo los combatientes que sobrevivieron a la larga noche de Malvinas, y trajeron consigo las incurables heridas, físicas, y también de otras muchas índoles. Sería importante reparar en la necesidad de una contención, en primer lugar material allí donde es justo y necesario. Una contención, y ya que aquí es imposible una completa reparación, que sea un puente, entre la memoria y el presente, sobre todo cuando la guerra sigue siendo entre los hombres moneda corriente, en otras partes del mundo. Reflexionar entonces acerca de los horrores de la guerra, por sobre el tema de la soberanía (más allá de la indiscutible justicia del reclamo), y extenderlo como preocupación por todos los que sufren los embates de la violencia militar en todo el mundo, sea probablemente hoy el primer paso para acercarnos a nuestras propias víctimas, a nuestra propia y particular tragedia.
Por otro lado, si miramos hoy los escenarios de la guerra a nivel mundial podemos advertir que quienes la sostienen son los mismos. Generales más, generales menos, siempre la banderita estrellada, y luego el cementerio.
Ven a cantar esta noche, Caracol de lunas. El ojo que desmiente la ciudad, Ven a llorar Y a reír Y a vomitar soble el pasto Contaminado del Siglo; Para que se valla Se muera Se cambie, Se acabe de una vez. Y ven a cantar La loca canción de la blancura, Con los locos pómulos rojos De este barrio embrujado, Ven, ven, Vamos. No tengas miedo, Ni ropas, Ni dios. Una sola lengua Suave Oxidará las joyas del mundo, Una sola lengua suave y hermosa Como un poema de Rimbaud Acariciará las panzas De los que han sufrido. Ven, ven, Vamos. Vamos a bailar Esta noche, caracol, perro, Ciudad; el ojo que Desmiente, Caracol de Lunas. Un millón de lágrimas Desdentadas.