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El poder de la mente
-¿Y si los dos pensamos en un tsunami?
- No sé, podríamos probar.
- Y ambos se toman la cabeza con las manos como una manera de concentrarse lo que les impide ver la ola gigante que, arrasando con los árboles de la plaza, penetra en la galería comercial, destruye el teatro, la iglesia, y entra al bar en el que ellos buscan un motivo para no pagar la cuenta.
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Fue a raíz del sismo que en aquel cuadro se movieron todos los elementos formando a Picasso
Recién cuando vio caer a Goliat, Miguel Angel se convenció de la excelencia del mármol de Carrara.
Aquel fin no justificó ni medio.
Al despedirse, el mago, desapareció.
Ante la orden de Herodes, los reyes magos dejaron los porros en la carpintería.
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Al fin el Paraíso es un infierno, dijo el monje flagelándose.
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No creo en el Hombre definitivamente no creo en él y pienso que de existir vida en otros planetas el ser humano es una seria amenaza para cualquier tipo de civilización por eso es que nunca cuchara de madera y no le estreché la mano al viejo sauce que recibía a la gente en la entrada del subte bajándome del colectivo decidido a terminar con Mabel quien a pesar de saber que jamás iría me tenía preparados los barbarismos y mi pantalón favorito con el cual terminada la escasa cena entré a la universidad para que mis degradados alumnos supieran cómo salir de allí en bicicletas de silencio para tapar con un gran cristal el cuerpo degollado de Mabel.
El me miró a los ojos y sólo dijo:- apunte bien, va usted a matar a un hombre- y obedecí, obedecí como siempre, como me enseñaron.
Mi vida fue sencilla, cómoda diría, ya que lo único que yo tenía que hacer era seguir las indicaciones, las órdenes y aquel hombre me facilitó enormemente la tarea. Es difícil, aunque provenga de una orden, matar a un hombre y mucho más a un hombre al que no se odia ¡qué digo odio! si yo ni lo conocía y lo poco que sabía de él no me molestaba, casi diría, si no temiera represalias, que eso de venir a Bolivia a pelear por los pobres dejando las comodidades de su cargo, era algo que yo no entendí y no entiendo, pero creo que cada hombre debe cumplir con su destino como yo cumplí con el mío apuntando bien, como él me había ordenado.
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ACARCA del AUTOR:
Julio Carabelli nació en Buenos Aires en 1940. Cofundador del Grupo Literario "Además" y del Grupo "Poesía Peregrina". Fue Secretario de la Fundación Argentina Para la Poesía.Es autor de una vasta obra edita e inédita. Para más datos biográficos consulte el siguiente vínculo: JULIO CARABELLI DATOS BIOGRAFICOS.
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