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ANDRES CAMACHO
Memoria o lenguaje
Decir que estás ahí, no me sirve –lo intuyo; nunca pude poseer de ti más que un solo fragmento que hoy, se pierde en la densidad de mi memoria: ¿memoria o lenguaje?; pero ¿de que me valen las imágenes y las palabras, cuando hoy en nada puede distinguirse de aquel otro día antes en que te tuve? -¿Te tuve?-
Algo de esto pasó muchas veces, pero, esta vez, quisiéramos no saberlo a ciencia cierta.
Algo de esto me duele, pero no importa; mi dolor se queda conmigo –por un rato más o mayor-, y no va en palabras ni gestos con mi lector.
La Poesía
¿Qué es la poesía sino versos que no alcanzan, jamás nunca, esplendor de sufrimiento? Quizás sea un callejón proyectándose en abismos de interrogantes, o tan sólo sea un andar errante , tras venir de malas ganas, pateando las sombras de una suerte cada vez más lejana.
-No lo sé, pero de seguro habrá otros...
Torbellinos de luces incandescentes, pálidas, nocturnas; el fuego del astío urbano, o los ciudadanos del silencio voráz, infrahumano; trabalenguas y acertijos en comunión dando trancos y adentrándose en iglesias abarrotadas por las inconfundible soberbia de los iconos sangrantes en delirios de santidad o de profetas.
¿Conjugar la eternidad de la belleza en el ojo vacuo de los anales sin memoria; o en un mundo que no va con perdonar las distracciones, los excesos, los míticos estertores, las opacidades y la nada?
En fin: Todo es fuego, polvo y nada.
Las paredes
Las paredes de la ciudad se ruborizan al alba saben de las vigilias de neón de las palmadas policiales asesinas de sombras fugitivas de las veredas sucias que acunan la miseria de los perros garrapatientos, bajo el sol
ellas son testigos de los amores que llegan a su fin en los orgasmos del amanecer entre los árboles, de las acequias que destilan lágrimas de perdón fingido del crepitar de las hojas sobre las baldosas perdidas del trajinar sonámbulo de los esclavos de la libertad de los baldíos que ocultan violaciones entre sus escombros de las ventanas que escupen plagas de maldiciones de las tabernas que vomitan melancólicos borrachos contra los automóviles confesionarios de la cápsula infiel y de las calles que se adormecen ellas las paredes son las enemigas de los fusilamientos innecesarios el orinal de los excesos el rasca-lomo de las gatas floras el coro silencioso de un arte idiota y servil, y la fuente de inspiración de una conciencia que tarde y pronto su vacua trascendencia ha comprendido.
Dialéctica de lo imposible
Entre realidad y deseo, el cuerpo gira alrededor de un eje grávido y lejano, propiciando la secreta contemplación de no tenerla, de no sentirla, de conjugar todos juegos y los espacios acotables, tras venir de cobrar conciencia de la implacable ausencia que del todo hace un reflejo inaprensible, en una dialéctica de lo imposible.
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