Publicado en Clara Vasco el 28 de Abril, 2006, 15:12
por ADRIAN CAMMPILLAY
LAS AVES
El ya no vive cerca Se mudó a otra mujer
Sus brazos se alargan con la lluvia Para tocar el desamparo de las aves En los puertos por donde viaja su alma
Yo Pasajera del día Más frágil que las aves Saludo a la distancia
El habita sin embargo en mí Polizonte Hace maniobras en el agua de mi cuerpo
La tarde se ha puesto transparente Es un sombrero de copa La hojas anidan en el pavimento El frío es un cuerpo que canta Julio 2005
EL AMOR QUE DEJASTE ESCRITO A Juan Antonio Vasco, mi padre.
Las hojas de la memoria las tazas de café cuando tu amor impregnaba la calle French el jardín, el cantero, y el lomo de los gatos acariciado por tu pensamiento convertido en brazos en pierna, en tambor.
No hay ausencia (estás en el mundo) palabras de aire, palabras de fuego dejaste escritas en la piedra del mundo dejaste escritas tus mañanas tu perfume de campo de escuela primaria de alumno
Dejaste escritas la pasión de tu cabeza feroz, de tu corazón feroz de tu alma escrito tu amor en las hojas en el níspero (en tus hijas, en tu mujer) escrita tu elegancia de caballero, de maestro, de hombre
Tus abrazos imposibles los mandaste por carta por transatlántico a tus amigos A todos nos llegaron desde la silla inmóvil y con la miel de tus cartas sembraste una red que hoy sostiene las caídas de todos los abismos
Cómo hiciste mi querido para darme la mano a los 12 años cuando me escribiste un poema cómo hiciste para hacerme mujer desde esa silla
Ya no tengo miedo todo tiene un sentido todo vale la pena me explicaste: la vida es para internarse a fondo en su corriente no importa qué cosas se interpongan que el río arrastre cadáveres, maderos ramas de tormenta que se despeñen rocas cuchillos o gárgolas negras
Estamos aquí para vivir Estamos para ser lo mejor de nosotros A tu salud Brindo Noviembre 2004
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Etiquetas: poesía argentina, juan antonio vasco, clara vasco, momo, sin reloj