Rodrigo Verdugo Pizarro


Rodrigo Verdugo Pizarro (CHILE)

Publicado en Rodrigo Verdugo Pizarro el 24 de Julio, 2006, 11:44 por alejo rives

  DIECISEISAVO ANUNCIO

  Llegamos a la ciudad temible
  donde los corderos se columpiaban en alambres
  rondaban patrullas de lenguas, calvos ancianos de negras capas
  era nuestro lugar de siempre, nuestro dormitorio estaba en un ascensor
  luego de verificar cada rincón, de edificar ciertas alusiones
  le prendimos velas al cadaver de la distancia
  llegamos a acostarnos, a copular, alguen movió la palanca
  y descendimos al subtérraneo, las paredes eran distintas, estaban llenas
  de repisas que a su vez estaban llenas de tubos de ensayos sucios y vacios
  por una rendija se oian gritos, se veia la sombra de corderos
columpiandose
  la intermitencia de esas patrullas de lenguas estaba en nuestras bocas y
en tu vagina
  de nuestro dormitorio, salian alusiones a la piedra y al agua,
  llegaban a todos los rincones de la ciudad.
  Vi todo lo tuyo y no eras más que la inocencia del relámpago sobre la cama
  nada más que la gran oscuridad de un parque
  ven te dije, ven oh pájaro antes que la altura sea entrangulada
  ven a mi, dijistes porque después que nos amemos, las nubes entenderán el
desgarro .
  Alguien movió la palanca, otra vez ascendimos
  vistes todo lo mio, la gran oscuridad de un parque
  y yo amordazado sobre la mesa uterina
  vistes al que queria partir, como lo iban siguendo esas olas
  que eran los áureos carpinteros
  como iban ofreciéndole verle desde todos los ángulos a la vez
  para que asi pudiese guardar memoria y extinción, como dos maceteros
distintos.
  Vistes al que queria regresar, como las olas estallaban
  y en el camino se encontraba con nidos inasibles, puertas y tatuajes
  la gran oscuridad de un parque, memoria y extinción sobre la mesa uterina
  mientras la sangre nos dimensionaba.
  Llegamos a la ciudad temible, de prisa a nuestro lugar de siempre
  llegamos a acostarnos, a copular, a ver todo lo nuestro, esas alusiones
que salian del mar
  porque el mar era la vispera de nuestros cuerpos
  y llegaba el turno de ellos, quienes nos traian en bandejas esas cabezas
de corderos
  cabezas vertiginosas, por cierto, prueben de esa sangre, se oia por las
rendijas
  porque cada vez que alguien lo hace el torbellino se persigna
  prueben ponerle esa cabeza de cordero al cadáver de la distancia
  mezclen esa sangre con la vuestra, decian los calvos ancianos de negras
capas
  mientras se acciona de nuevo la palanca, cambian de nuevo las murallas
  por las rendijas se oía como respiraba la neblina,
  como si tuviera el resultado de piedras y de aguas,
  ese que tienen nuestros cuerpos cuando duermen
  sabréis oh hombre y mujer como regresar tanto del ángel que araña el fondo
del mar,
  como de la inocencia del relámpago, ah en definitiva de la gran oscuridad
de un parque
  sabréis como mover la palanca a vuestro favor o acaso vuestros cuerpos no
vuelven juntos,
  justo cuando las grietas perdonan lo que pasa dentro de las nubes
  y las alusiones rodean por los cuatro costados a la ciudad temible.


  Del libro inédito "Anuncio"

sobre el autor

PAGINA PRINCIPAL

El ojo del sur / cuyo y poesía

EL MOMO NOTICIAS